SúperCelu

‘SúperCelu’ no se rinde nunca

José Luis Cazalla es un joven de Bornos que nació con síndrome de Larsen, una enfermedad que le provoca luxaciones en las articulaciones, y que practica kárate y kickboxing, a pesar de que los médicos le dijeron que no llegaría a andar.

José Luis Cazalla nació en Bornos hace casi 14 años. Desde muy pequeño, sus padres se dieron cuenta de que algo no iba bien. “No tenía fuerza ni equilibrio”, dice su padre, del mismo nombre. Sus primeros días los pasó en una incubadora. Pronto llegaron pruebas y más pruebas para determinar qué le pasaba al pequeño José Luis hasta que, a los dos años, hubo diagnóstico: síndrome de Larsen. Este mal, que afecta a uno de cada 100.000 recién nacidos, provoca luxaciones en las articulaciones, anormalidades faciales e incluso anomalías cardiovasculares y ortopédicas​. Con todo eso lleva luchando desde que nació y ahora tiene reconocido un 79% de discapacidad.

Y es que José Luis, Celu para los amigos y, desde hace unos años, SúperCelu —como lo rebautizó su tía— “no se rinde nunca”. Eso lo dice él mismo mientras intenta encestar el brick de un zumo vacío en una papelera. No para hasta conseguirlo. Lo hace en el Palacio de Deportes de Chapín (Jerez), donde acude tres veces a la semana para recibir clases de kárate y realizar ejercicios físicos. Para entender el sobrenombre hay que conocer bien su historia. Con apenas un año tuvo que ser intervenido en una cadera, ya que la luxación de esta articulación es uno de los síntomas de la enfermedad que padece —estudios recientes aseguran que lo sufren el 60% de los casos—.

Un año después volvió al quirófano para operarse la otra cadera. La última intervención, para corregirle la escoliosis que sufría, lo tuvo 60 días ingresado en el Hospital Puerta del Mar de Cádiz. “Salió sin masa muscular”, asegura su padre, por lo que tuvo que empezar de nuevo a ejercitarse e intentar ganar forma física.

“La columna se la han abierto cinco veces, tiene 112 puntos”, añade José Luis Cazalla, trabajador incansable en el trabajo que le ocupa todo su tiempo desde hace tres años: lograr la felicidad de su hijo. Ese es el tiempo que lleva en paro, cobrando una pequeña prestación por la discapacidad de su hijo —“prefiero trabajar y cobrar menos y poder estar con él”, dice—, al que apunta a todos los eventos deportivos que puede. Los dos son enamorados del deporte, en todas sus formas —“en mi casa solo se ve Teledeporte y Gol TV”, asegura—.

Rara es la tarde que SúperCelu no practica alguno. Lunes, miércoles y viernes, kárate en Jerez; martes y jueves, kickboxing en Prado del Rey; los fines de semana, casi siempre compite, ya sea en alguna de estas disciplinas o disputando alguna carrera. Porque sí, SúperCelu anda, y corre, aunque los médicos le aseguraron a sus padres que no sería capaz. “Pero a mí se me metió en la cabeza que tenía que poder”, dice su padre, quien tiene buena parte de “culpa” de los progresos del pequeño.

Fue el primer día que entrenó en Jerez, con su sensei Sergio, cuando soltó el andador. En ese momento, confiesa Cazalla, se emocionó. Al final de una de las clases de kárate, a la que asiste lavozdelsur.es, Sergio pregunta: “¿Quién no tiene pareja” “Yo, maestro”, responde SúperCelu. Y se le asigna una chica, con la que, con guantes en las manos, intercambia golpes ficticios, gritos incluidos, con una destreza que su padre ni imaginaba que pudiera llegar a tener. “Ha tenido un cambio brutal”, comenta, “ha ganado en seguridad”. La misma seguridad con la que dice: “Me llaman SúperCelu porque cada día me supero a mí mismo”. Y no es una forma de hablar. Después del kárate, pasa una hora levantando pesas, haciendo flexiones y abdominales. Se le nota cansado, pero no para hasta que su entrenador se lo manda. “¡Venga, vamos, vamos!”, grita el pequeño, para automotivarse.

“Hay que potenciar sus habilidades, que no se sienta impedido”, dice el monitor. Desde luego no lo está, ni acusa las limitaciones que pueda tener por su enfermedad. José Luis, SúperCelu, es un niño alegre y extrovertido, bromista e inquieto, que no tarda en hacerse amigo de quien se cruza en su camino. Y así va, conquistando corazones por los lugares que visita, que no son pocos. Con el club deportivo del que formaba parte hasta hace unos meses, Anpehi, estuvo en Inglaterra, donde ganó dos medallas en un campeonato de kárate adaptado, aunque también ha visitado San Sebastián y localidades de toda Andalucía.

“España la ha recorrido entera”, dice su padre, quien comenta que, todas los meses, recorren 1.500 kilómetros para que SúperCelu se entrene y no pierda la forma física. “Muchas veces lleva la libreta en el coche y va estudiando”, asegura José Luis Cazalla, padre, quien apunta que, aunque todavía no ha pasado al instituto, no va mal en los estudios. “La semana pasada tuvo dos exámenes y sacó un 9 y un 10”, comenta orgulloso.

“Le cuesta un poco, pero se aplica”, añade. SúperCelu, mientras, está comiéndose un plátano en los pocos minutos que tiene entre clase y clase, en el Palacio de Deportes jerezano, donde conoce a todo el mundo y no para de bromear y de corretear de un lado a otro. Minutos después, cuando se monte en el coche de su padre en dirección a Bornos, “caerá rendido”, dice José Luis Cazalla, que lleva años criando solo a su hijo, del que tiene la custodia tras separarse de la madre del pequeño.

Él también lucha para que el pequeño siga cumpliendo sus sueños, sacando fuerzas de flaqueza para llevarlo a entrenar, para inculcarle valores y para hacer que su hijo sea, cada vez, lo más independiente posible. “Cuanto más le pides, más quiere”, dice. De momento, ya es cinturón amarillo de kárate y asegura que, en un futuro, quiere ser informático. Su padre dice que no se desenvuelve nada mal con el ordenador, así que no es descartable. Recuerden: “SúperCelu’ no se rinde nunca”.

 

 

 

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